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IV Congreso Nacional de Medicina del Mar, Gijón, 1999

Mesa redonda: 20 años del Centro Radio-médico Español


A Jon Guridi

compañero, amigo y colaborador en el Centro Radio Médico Español

"In Memoriam"

PROCESO HISTÓRICO DE CREACIÓN DEL CENTRO RADIO MÉDICO ESPAÑOL

Dr. Juan Bartolomé Martín

Inició el Centro Radio-médico Español. Ministerio de Asuntos Exteriores

Se han superado ya los 20 años de existencia del Centro Radio Médico Español, un proyecto en el que en sus planteamientos iniciales muy poca gente creía y que espero y deseo que vaya superando las décadas, si sus responsables saben ir acoplándose a los adelantos técnicos que van surgiendo y transformando las actividades marítimas, como ya en su día sucedió con la aparición de la radio, causa y efecto de una de sus múltiples y mas importantes plicaciones, como la que nos trae hoy a este Congreso Nacional de Medicina del Mar.

Pero el camino fue largo. El acto de engendrar y fecundar el óvulo que daría lugar a este ansiado ser, habría que buscarlo, treinta años atrás, cuando a la sazón me encontraba ejerciendo mis labores profesionales en calidad de médico de la Marina Civil. Fue precisamente embarcado en el transatlántico "Cabo San Vicente", en una travesía desde las islas Canarias a la Costa Firme de América, cuando me llamaron de la radiotelegrafía para decirme que había una comunicación de un barco mercante sueco que solicitaba la asistencia de nuestros servicios médicos. Era mi primera consulta médica por la radio y además en inglés, y si he de ser sincero, me encontraba emocionado. Por el contrario, el capitán sueco estaba asustado, no era para menos, tenía a su camarera con una metrorragia. Así descubrí que no solamente era nuestra marina mercante, la que con una legislación del año 1.932, todavía vigente, restringía la presencia de médicos a bordo, a embarcaciones con mas de 100 personas y en travesías de más de 24 horas de alejamiento de la costa. Y también, que con la radio se podría paliar en parte, los graves problemas sanitarios que afectan a los trabajadores del mar en sus travesías y singladuras por todos los mares del mundo.

Mas tarde, ya en 1.972, integrado en el Cuerpo Médico del Instituto Social de la Marina, tuve la oportunidad de navegar en pesqueros, tanto en los de actividades artesanales como en los de pesca industrial, faenando en caladeros nacionales e internacionales, y así de esta manera pude conocer "in situ" la realidad de la pesca, que en general era todavía mucho peor que en la Marina Mercante. Disponía ya de suficiente información y había detectado suficientes e imperiosas necesidades en el sector marítimo-pesquero, como para saber que era necesaria una transformación a fondo del sistema asistencial en la navegación y para ello la radio era fundamental. Pero la tarea impuesta no era fácil, pues un informe a los máximos responsables o algún artículo ocasional en alguna revista, no generaban la suficiente fuerza como para movilizar semejante maquinaria, la de la Administración, que era desde donde tenían que elaborarse las transformaciones. La paciencia en estos casos es muy importante, no hay que desesperar, pero eso si, hay que estar alerta.

Tras una larga estancia en el Senegal, donde pongo en marcha y dirijo, el Centro Asistencial de Dakar, me incorporo a la Inspección General de Servicios Sanitarios, en los servicios centrales del Instituto Social de la Marina, en Madrid. Mis ideas y preocupaciones se las había expuesto al Dr. Luciano Portela, Jefe de la Inspección Médica de La Coruña, buen conocedor del sector y persona influyente en las altas jerarquías de la Institución, con ocasión de nuestros frecuentes encuentros con ocasión de la organización y desarrollo del I Symposium del Hombre del Mar. Compartía mis inquietudes y me animaba a que siguiera adelante con ellas, así es que, próximo al poder, me decidí a abrir "la caja de los truenos". El primer eslabón de la cadena, fue un proyecto de guía sanitaria, donde los trabajadores pudieran tener un apoyo ante los problemas que les pudieran surgir de orden sanitario en la navegación. La idea gustó y apoyado en una recomendación de la OMS, al poco tiempo me dijeron que adelante y unos meses después veía la luz la "Guía Sanitaria a Bordo", que mediante una Orden Ministerial se hacía obligatorio su uso a bordo de las embarcaciones españolas. En su desarrollo se incluía un capítulo en el que puse un cuidado especial dada su importancia, que estaba dedicado a las consultas radio-médicas.

Aprovechando la grieta abierta, me decidí por dar otro paso adelante y así presento un proyecto de centro asistencial a través de la radio. Aquí no hubo tanta suerte. Se me llegó a tildar hasta de loco.¿? Pero creía en el proyecto y me dediqué a proyectarlo por doquier, a hablar del mismo en las empresas navieras y pesqueras, en los sindicatos del sector, en las reuniones de tipo profesional, así como en cuantas oportunidades me brindaban los medios de comunicación. Había que impregnar de la idea a cuantos se relacionaban con el mundo marítimo, para que a su vez influyeran a cerca de nuestros dirigentes. Desde un principio los más entusiastas y los que más me animaron a seguir adelante fueron los responsables del Servicio Móvil Marítimo de la Cía. Telefónica Nacional de España, por un lado porque la mayor parte de sus componentes eran radiotelegrafistas navales, y sabían de las dificultades con que se encontraron cuando en navegación les habían surgido problemas sanitarios a bordo y por otro por razones de tipo económico, porque al tener el monopolio de las comunicaciones, tenían que asumir los compromisos internacionales subscritos por España, entre los que se encontraba la gratuidad de las consultas médicas de origen marítimo, teniendo que emplear en ello, recursos técnicos y humanos, dedicados al uso comercial, pues las llamadas de asistencia médica, además de gratuitas tienen preferencia, y si el proyecto se ponía en marcha, era de prever que la diligencia de las mismas le supondría un ahorro económico importante.

Pero no solamente se va incidiendo en la consultas médicas por la radio, se hacen indicaciones sobre la necesidad de organizar los reconocimientos médicos, sobre la educación y la formación sanitaria de los profesionales del mar, sobre los botiquines de abordo, sobre los centros asistenciales en el exterior y sobre las evacuaciones principalmente. En el año 1977, presenté otro proyecto importante, básico, para que el proyecto general saliera adelante, el de un banco de datos sanitarios.

Un factor favorable y yo creo que decisivo acaeció el 19 de septiembre de 1978, con una reestructuración del organigrama de la Institución y con él, la creación del Gabinete de Asistencia a Bordo y en el Extranjero, con el cometido de gestionar toda la asistencia que definía su denominación y que fue el germen del actual Servicio de Sanidad Marítima. Al ponerlo bajo mi dirección, me facilitaron el camino para poder dialogar y debatir directamente el programa en general con los máximos dirigentes de la Institución, sin intermediarios, lo que facilitaba enormemente las cosas. Tanto es así, que pronto dieron el visto bueno para que nos pusiéramos en marcha y agilizáramos las cosas a fin de ir logrando objetivos, aunque no obstante de entre ellos el más polémico resultaba ser el del Centro Radio Médico Español. Parecía claro que era la gran oportunidad, puesto que teníamos al alcance de la mano, la manera de dinamizar todos los eslabones de la cadena, usando para ello la plataforma que representaba este futuro Centro.

El Centro debería de disponer de unas instalaciones, de unos recursos técnicos, de unos recursos humanos y de un plan de trabajo.

En un principio propuse el que la sede estuviera en Las Palmas de Gran Canaria, Cádiz o La Coruña, con la finalidad de darle un carácter eminentemente marítimo, y en donde además el Instituto Social de la Marina disponía de unas instalaciones bastante buenas, pero esta propuesta no prosperó. Al final se habilitó un espacio en la cuarta planta de la calle Génova, nº 20, de Madrid, en donde continúa todavía. Se preparó un cuarto para el médico de guardia, puesto que el servicio era prestado durante las 24 horas, una sala para las comunicaciones y el banco de datos sanitarios, otra para archivo y reuniones y finalmente la consulta, con una biblioteca, un panel para las historias clínicas en consulta y un gran mapa mundi con base imantada donde se situaban los barcos que estaban pendientes de resolución de casos. Unas instalaciones modestas pero que cumplían perfectamente los objetivos propuestos.

Las comunicaciones, parte básica del proyecto, que muchos creían que iba a ser lo más complicado, fue bastante sencillo, puesto que la propia Cía. Telefónica Nacional de España, colaboró en el asesoramiento y en la instalación de los sistemas de comunicación, pues como dijimos anteriormente estaba muy interesada en la puesta en marcha del proyecto. Para la atención de las consultas que llegaran por radiotelefonía, simplemente lo que había que hacer era instalar unos teléfonos, el problema era para la radiotelegrafía, que aunque la radiotelefonía se imponía, no se podía hacer un montaje sin que las comunicaciones realizadas por Morse se dejaran de atender. La solución fue instalar un teletipo, punto a punto, entre la Central de Radiocomunicaciones de Griñón (Madrid) y la sede del Centro, unos 40 kilómetros de distancia, de tal manera que la señal recibida en la Central de Griñón se traducía al español y se enviaba al Centro a través del teletipo, estableciéndose de esta manera el diálogo entre el barco y el médico de guardia.

El Centro se apoyaba en la estructura administrativa y médica del Gabinete de Asistencia a Bordo y en el Extranjero, pero disponía de un auxiliar administrativo en jornada completa, que se encargaba de la asistencia al banco de datos sanitarios y apoyaba al médico de guardia en sus consultas. El equipo asistencial, lo constituían cinco médicos, que se distribuían las guardias con la finalidad de poder asistir las consultas durante las 24 horas. En el equipo había médicos con experiencia en el sector marítimo y otros que no la tenían, pues no era fácil el encontrar profesionales disponibles con esta experiencia, por el contrario todos hablaban al menos inglés y aportaban alguna especialidad, que en su conjunto abarcaban las siguientes: cirugía general, medicina tropical, medicina interna, psiquiatría, salud pública, medicina del trabajo y anestesia. Se contaba con médicos colaboradores, para cubrir las suplencias en el caso de vacaciones, permisos o enfermedad. En el sistema de trabajo que se estableció, además del puro trabajo asistencial, se programaban reuniones con una periodicidad semanal donde se discutían los casos más importantes y se realizaba un intercambio de conocimientos, convirtiéndose en una auténtica escuela de medicina marítima.

Las consultas se recibirían, bien a través del Servicio Móvil Marítimo español o de otros países y por la red pública o usando la vía satélite. En cualquier caso había la certeza de que el acceso estaba totalmente garantizado, llegándose el caso de que en alguna ocasión se estuvieron despachando tres consultas al mismo tiempo, con tres profesionales diferentes. Las consultas se registrarían en un libro de entrada y al mismo tiempo que se abría la comunicacion se grabarían en cintas magnetofónicas con la finalidad de utilizar su contenido en distintos cometidos. El más importante, para el que los diferentes médicos que pudieran intervenir en la resolución de un caso, pudieran hacer el seguimiento de todo el proceso, también a través de los diálogos con el barco. Pero también existían otras posibilidades de uso: para afrontar reclamaciones y cubrir responsabilidades en relación con los actos profesionales, para la elaboración de estudios, para la formación y la educación sanitaria, y finalmente como apoyo para el planteamiento de propuestas de modificación o del establecimiento de normas y reglamentos nuevos.

Para la buena ejecución de las consultas de los tripulantes españoles, era necesario disponer de un banco de datos sanitarios de los trabajadores del mar, lo que era laborioso pero no muy difícil, porque en España la asistencia sanitaria de estos profesionales era responsabilidad del Instituto Social de la Marina. Las fuentes para dotarlo provendrían de los Centros Asistenciales situados en el territorio nacional, de los Centros Asistenciales en el extranjero, de los Centros de Reconocimiento, de las evacuaciones, de las Inspecciones Médicas de la Institución y del propio Centro Radio Médico Español. En un principio se propusieron varios sistemas, rechazándose los de tipo informático, aunque contábamos con la posibilidad de usar la red que tenía en todo el territorio el sistema nacional de salud. Se optó por la microfilmación de la información, que llegaría desde los diferentes cauces, información que se conservaría en microfichas ordenadas alfabéticamente con la filiación del trabajador.

Tuvimos la oportunidad de que ya el proyecto terminado, nos autorizaran una visita al Centro Internacional Radiomédico de Roma, donde intercambiamos aspectos. Estaba atravesando una crisis y se encontraba al borde de la desaparición por falta de recursos económicos, puesto que actuaba como una fundación y sus recursos provenían de donaciones. Los planteamientos eran bien diferentes a los nuestros, pero su trayectoria y experiencia bien valía esa visita, si bien habría que haberla autorizado mucho antes.

Con la colaboración de varias empresas navieras, unas semanas antes de concluir el montaje, se realizaron unos ensayos de consultas con barcos en diferentes situaciones, resultando muy interesantes y pudiendo observar el enfrentamiento del equipo ante esta nueva experiencia profesional.

Y por fin, tras una larguísima gestación de cuatro años desde que se presentó al primer proyecto, llegó el alumbramiento, el 1º de mayo de 1.979, una coincidencia con la fiesta del trabajo, que siempre me congratuló.

Los primeros días fueron de muchos nervios, principalmente para los dirigentes, que mantuvieron sus dudas hasta el final, y así, las llamadas eran diarias sobre la marcha del Centro. Hasta que a los pocos días tuvimos que intervenir en un operativo muy espectacular. Se trataba de un oficial de máquinas accidentado gravemente en el departamento de máquinas del mercante español "Lekeitio", un gran bullcarrier que transportaba cereales desde los EE.UU.. de América del Norte a Europa. La situación era delicada, y además las coordenadas de situación del barco, estaban muy alejadas del radio de acción de los helicópteros de rescate. Fueron muchas horas de tensión, de toma de decisiones drásticas, comprometidas, y del establecimiento de una cadena de comunicaciones con el barco, con su armador, con el Guardacostas del Canadá, con la base naval de las Azores y con nuestro Centro Asistencial de San Juan de Terranova. Todo funcionó estupendamente y el tripulante con una importante hemorragia y varias fracturas, pudo salvar la vida. El recién nacido, a los pocos días de existencia, había sobrevivido a una dura prueba, había demostrado su eficacia y desde ese momento pasó poco menos que a convertirse en la joya de la Institución, lo que naturalmente me sirvió para que en adelante se tuvieran mas en cuenta algunos de los planteamientos "locos" que elevaba a los dirigentes, como por ejemplo la asistencia a las flotas pesqueras mediante embarcaciones sanitarias. Era importante considerar también el efecto psicológico que este operativo causó en la flota, pues no debemos de olvidarnos el que las consultas se realizan por la radio y por lo tanto se escuchan a bordo.

El Centro Radio Médico Español, también sirvió para proyectar internacionalmente a la Institución. La asistencia a reuniones internacionales y a sesiones monográficas nos hizo ver el que el problema era general y el que tanto en los países de estructura capitalista como en los comunistas, no disponían de un centro de las características del nuestro, totalmente profesionalizado e incardinado en un programa de asistencia médico-social integral, para la gente del mar.

Así pues, el infante creció fuerte y hoy es un adulto perfectamente desarrollado y bien considerado entre los profesionales, los armadores, los sindicatos, las organizaciones y las instituciones relacionadas con el mundo marítimo.


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