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IV Congreso Nacional de Medicina del Mar, Gijón, 1999

Mesa redonda: 20 años del Centro Radio-médico Español


DE LA CONSULTA RADIO-MÉDICA A LA TELEMEDICINA

Dr. Fernando Gómez Muñiz

Médico del Centro Radio-médico ISM, Madrid

Tradicionalmente, cuando se hablaba de consulta-radiomédica nos referíamos al intercambio de información, hablada o escrita, sobre el estado de salud de un marino a bordo de su barco. Para ser más exactos desde un punto de vista médico nos estamos refiriendo a la parte de la historia clínica denominada anamnesis.

Hasta hace muy poco tiempo esta anamnesis, conseguida casi siempre indirectamente a través de lo que los anglosajones denominan un <<buen samaritano>> era a lo único que se podía aspirar en una historia clínica obtenida de esta manera. En los últimos años, poco más de una década, y gracias a la mejor formación de los tripulantes, empezó a ser habitual conocer algunas constantes vitales: el pulso y la temperatura del paciente. En nuestros días, pero no siempre (mas bien diría que excepcionalmente), el médico puede disponer de la frecuencia respiratoria y de la tensión arterial.

Es decir, durante estos cien años que se llevan realizando consultas médicas a tripulantes embarcados los procedimientos han permanecido prácticamente inalterables. ¡No se puede decir lo mismo de la asistencia médica que se presta a la población en tierra!: los métodos complementarios de diagnóstico y las técnicas terapéuticas cambian de un día para otro. (Por ejemplo, en este siglo se comenzó a poder ver la "fotografía" de los huesos, se siguió con la imagen de los órganos y vísceras internas, podemos conocer el metabolismo de un órgano concreto, etc.).

Pero ha sido la revolución electrónica la que ha venido a despertar el campo de la asistencia a distancia: las distancias ya no son tales; es el paso de la teleconsulta a la telemedicina.

¿Cuáles son las diferencias fundamentales entre una consulta en tierra y una consulta a un tripulante embarcado?. ¿Cuáles son las barreras que hay que derribar, o sino al menos saltar?

En este punto ha habido que asegurar una buena calidad de la comunicación y que ésta sea posible en cualquier latitud, a cualquier hora, bajo cualquier circunstancia y, por supuesto, a un precio asequible.

Los equipos son cada vez más potentes, más pequeños y más sencillos.

Se puede decir, al menos en teoría, que no hay excusa para estar incomunicado.

La confección de un alfabeto mediante impulsos largos y cortos (lo que se conoce como <<morse>>) permitió enviar mensajes, más o menos largos, desde un extremo del mundo al otro. Aunque éste haya sido una herramienta muy útil durante mucho tiempo, para la atención de un enfermo supone un obstáculo muy difícil de franquear (baste como ejemplo cómo sería una teleconsulta utilizando el apéndice de señales de la <<Guía Sanitaria Internacional>>)

Pero lo que diferencia al hombre del resto de los animales es la capacidad de hablar. Poder hablar con nuestros semejantes, y con el médico, nos permite expresar claramente nuestras necesidades y sensaciones. ¡La comunicación es más libre, más completa, más humana!.

De las primeras transmisiones por radio a las actuales por satélite sólo ha transcurrido un siglo y, sin embargo, hay un abismo entre la calidad y la facilidad de manejo de unas y otras.

El enfermo puede contar a su médico lo que le pasa. Y entre los dos llegar a una pauta de cuidados a seguir.

Cuando alguien se siente enfermo lo expresa con la frase: <<tengo que ir a ver al médico>>. Esa era la siguiente frontera a franquear en la teleconsulta. Hoy, año 2000, esa frontera también ha caído: un barco con el sistema de comunicación por satélite adecuado puede contactar, y ver, al médico de un centro radio-médico. (¡Estamos hablando de unos equipos que pueden suponer la milésima parte del presupuesto para la construcción de un buque!).

La vídeo consulta se utiliza actualmente en campos como la anatomía patológica, la radiología, la dermatología y la otorrinolaringología principalmente. Aunque estas aplicaciones están pensadas para intercambio de opiniones entre profesionales sanitarios, y no les veo una aplicación directa a los tripulantes embarcados debido a los equipos que requieren, sí existen otras áreas que se pueden beneficiar de la transmisión de imágenes y que a nosotros, como profesionales de la Sanidad Marítima, nos corresponde descubrir y desarrollar: p.e. una mejor relación médico-paciente; un apoyo a la descripción de las lesiones; una descripción gráfica de procedimientos terapéuticos; etc..

En cualquier caso, con los años, por no decir con los meses, estos dispositivos se irán simplificando y generalizando como ha ocurrido con los teléfonos portátiles en los últimos años.

Y en el próximo milenio, que ya tenemos aquí, la realidad virtual y las imágenes holográficas harán que las teleconsultas sean una especie de bis a bis.

En el principio fue el verbo. El médico sólo disponía de lo que le pudieran contar: la existencia de dolor, su localización y sus comentarios.

Gracias a la formación se empezó a disponer de algunas constantes vitales: el pulso, la temperatura, ... y últimamente, a veces, la tensión arterial.

Pero en no mucho tiempo es lógico pensar que podremos disponer de información objetiva:

Estas tecnologías que ya están disponibles para su utilización en tierra requerirán, posiblemente, adaptaciones para su empleo en las condiciones que se dan habitualmente a bordo.

En el futuro el desarrollo de los denominados <<sistemas inteligentes>> para diagnóstico vendrán a ayudar en esta difícil tarea, pues hoy por hoy es imposible diagnosticar algo a bordo de un buque. Hay quien supone que estos sistemas informáticos pueden llegar a sustituir al médico; pero permítanme que lo dude. Mi opinión es que estos programas ayudarán a realizar un interrogatorio más sistemático y completo, pero al final tendrá que intervenir la mano del artista (la medicina ha sido, es y será el arte de curar).

Cuando nos preguntan cuál es nuestro trabajo a los que estamos en un centro radio-médico y les contamos lo que hacemos no es raro que el interlocutor nos ataje con un: <<¡Ah!, los que operan por teléfono>>.

Aunque esto no es la realidad, tal vez cambie en las próximas décadas: sistemas robotizados pueden ser las manos del cirujano y cámaras de televisión sus ojos.

De todas formas, parece más propio de naves espaciales, o mejor dicho estaciones espaciales, que de naves que surquen los mares.

Lo que sí se hace frecuentemente es aconsejar el empleo de medicamentos. Para cuidar a un enfermo se pueden necesitar algunas drogas, que normalmente se adquieren en la farmacia más cercana. En nuestro caso en el botiquín que lleve a bordo el buque.

De los primeros botiquines tipo <<caja de zapatos>> con Tiritas, Mercromina y Aspirina a los actuales con más de un centenar de componentes han pasado poco más de 20 años.

La adecuación y actualización de las farmacias de a bordo es un problema serio que debe estar en manos de profesionales que conozcan el medio y las posibilidades de actuación terapéutica que hay realmente en los buques. (No hay que dejar transcurrir 18 años entre el diseño de un botiquín y su actualización, como ha pasado con el denominado <<botiquín nº 2>>. Pero, ¿no es excesiva, al tiempo que ilusoria, una revisión anual?, como propugnan algunos).

Esta digresión filosófica del futuro de la telemedicina no pasa de ser una elucubración según lo que conocemos hoy. La realidad nos la dará el tiempo y el ser conscientes de que, como decía el cantar, <<hoy las ciencias avanzan que es una barbaridad>>


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