Historia de la sanidad en los puertos marítimos

La situación sanitaria actual de nuestros puertos en los que hemos “prescindido” prácticamente de la tradicional cuarentena, no podemos olvidar los riesgos permanentes que inducen las prevalencias epidémicas de las comunidades del litoral, a través de sus puertos por el tráfico marítimo; como algunos brotes de cólera, acontecidos en Marruecos en los últimos años, y que provocaron inexorables actuaciones de la Sanidad Marítima en los recintos portuarios de Algeciras, Ceuta y Melilla. Las agencias de información se hicieron eco de otro brote de cólera en el Perú, según las primeras noticias provocado por un barco asiático que la introdujo a través se su arribada a puerto, y estabamos a día 8.2.91.

1. Antecedentes

Ya desde la Baja Edad Media, por los principales puertos del Mediterráneo, Venecia y Marsella, entre los años 1370 y 1374, la peste se extendió por Europa No podernos omitir un incidente en el intento medieval por prevenir las enfermedades cuarentenables y que inició el fundamento científico del control higiénico sanitario de los puertos en general, como puertas de entrada de estas grandes epidemias.

La república de Ragusa, en la orilla oriental del Adriático, adopté y amplió las medidas de control que tanto éxito propugnaban y tuvieron en el puerto de Venecia. Se estableció un lugar de permanencia alejado de la ciudad y del puerto. Allí, los sospechosos que llegaban permanecían 30 días al aire libre y al sol, y cualquiera que tuviera la más mínima relación con ellos era aislado; al período de 30 días se le llamó trentina. Al comprobar más tarde que era corto o insuficiente este período, los 30 días se convirtieron en 40, la quarantina, de donde deriva la palabra ”cuarentena”. El sistema de cuarentena se difundió gradualmente por Europa. Se acompañó de la más radical incineración de las pertenencias de los infectados.

Como consecuencia directa de la observación de la transmisión de las enfermedades infecto-contagiosas, ya en la Baja Edad Media se empiezan a tomar medidas preventivas que atañen a los buques y sus tripulaciones. Efectivamente en 1348 había en Venecia Inspectores de Sanidad encargados de visitar buques sospechosos y de tomar medidas de desinfección caso de ser necesarias. En 1374, también en Venecia, el puerto permanecía cerrado para buques con plagas, iniciándose a partir de aquí la práctica de la cuarentena que era de 10 días. Posteriormente se incrementó a 30 días y -finalmente- se establece en 40 días de observación, en Marsella en 1383. En 1403 se establece el primer lazareto en una isla próxima a Venecia, entrando en funcionamiento los de Zara y Ragusa en 1450. La Patente de Sanidad, que informaba del estado sanitario del puerto de origen, se introduce en 1665 .

Estos intentos por impedir la enfermedad epidémica tuvieron a veces éxito y la elaboración de las medidas de la cuarentena fue uno de los pocos avances que se consiguieron en la Edad Media. El hecho de que podamos ahora prescindir do la cuarentena no nos debe hacer olvidar su valor en condiciones muy diferentes a las de las actuales.

Además del escorbuto y de otras enfermedades carenciales, no debemos de pasar por alto el frecuente desencadenamiento a bordo de enfermedades infecto-contagiosas que diezmaban las tripulaciones. Tal es el caso de la peste bubónica o muerte negra, tifus epidémico o fiebre cuartelera, disentería amebiana, paludismo, fiebre amarilla, cólera morbo, (ya en el siglo XIX con las grandes epidemias), etc. Tengamos presente la importancia que adquirirían los buques en facilitar la transmisión de enfermedades infecto-contagiosas de unos lugares a otros .

El control y reconocimiento de enfermedades epidémicas en las zonas portuarias y comunidades marítimas y del litoral, indujeron durante el siglo XVIII la intervención del estado para el control parcial de la Sanidad Pública. Se protegían los puertos contra la introducción de enfermedades epidémicas, especialmente la peste. A lo largo de los siglos XVIII y XIX hubo peste en el Cercano Oriente, que se extendió a varios lugares de Europa. En Rusia hubo una epidemia en 1709 de la que murieron unas 150000 personas; en 1719 se extendió a la parte oriental de la Europa Central. En Marsella y Toulouse hubo una célebre epidemia en 1720 que produjo 90000 muertos. Esta epidemia causó gran alarma en Gran Bretaña, pero no llegó allí ni tampoco apareció otro nuevo brote La cuarentena ahora considerada anticuada, humillante, inhumana e incluso ineficaz, parece probable, sin embargo, que durante el siglo XVIII su drástica aplicación, tal como hizo Francia durante la epidemia de Marsella, consiguió que la enfermedad no se extendiera. Circunstancialmente ello provocó la fundación de muchos hospitales de apestados y lazaretos, de cuyo funcionamiento nos habla muy bien Howard (1726-90) médico de Londres que consagró su gran voluntad a la investigación de la organización hospitalaria, de cuarentenas y de prisiones en Francia.

Las actividades sanitarias para el control de las grandes epidemias en los países de gran tradición marítima implicaron el derecho general de la salubridad e higiene de las comunidades marítimas y ciudades portuarias, tradicionalmente ubicadas en las orillas de los grandes ríos o mares. Así, en Inglaterra alrededor de 1848, Sir John Simon (1816-1904) inspector sanitario de Londres, transformó completamente la red de saneamiento y suministro de agua de la ciudad y su puerto. También estableció un convenio con el registro general para que. éste último, le suministrara las lunes por la noche los datos do las personas fallecidas durante la semana anterior.

Gracias a ello podía visitar las residencias o domicilios de las personas fallecidas, y tomar las medidas pertinentes en el caso de enfermedad infecciosa. Los ocho informes que presentó al ayuntamiento de Londres durante los años que ocupó su puesto, contienen un gran número de aciertos, en los que se basó la célebre ley de Higiene de 1875.

Un importante resultado de estas medidas fue la posibilidad de abandonar el cruel y antieconómico sistema de cuarentena que habla estado en vigor durante el siglo XVIII.

Los planteamientos innovadores de la organización administrativa de la sanidad en Europa, influidos en buena parte, como hemos visto, por las epidemias del mar coinciden en nuestro país.

El siglo XIX se inicia con la aparición de fiebre amarilla en Cádiz, que en años sucesivos se extiende a Málaga, Sevilla, Cartagena y el año 1821 a Barcelona. La morbilidad y mortalidad fueron muy elevadas, afectando incluso a tan importante número de cirujanos y colegiales que creó problemas asistenciales, hasta el extremo de tener que nombrar sangradores que reemplazasen a los cirujanos y paliasen en alguna medida la ausencia de estos profesionales para hacer frente a las atenciones
asistenciales que demandaban un considerable número de enfermos afectados por la epidemia.

El número de facultativos fallecidos a causa de la epidemia, entre cirujanos y colegiales, se aproximé a la treintena En medio de tanta tristeza Y desolación solamente se puede reseñar un hecho positivo, cual fue el enriquecimiento de la literatura médica con las publicaciones aportadas por los cirujanos de la Armada, tras la triste aunque formativa experiencia adquirida con motivo de tan elevada enfermería.

Se plantea con tal motivo la necesidad de lazareto como el de Mahón, que iniciada su construcción en 1793 y paralizadas las obras en 1798 se reanudan de nuevo en 1803 con motivo de la epidemia de referencia para entrar en servicio regular en 1817.

2. Lazaretos

El lazareto estaba definido corno espacio cercador próximo al mar y expresamente construido para recibir mercancías y enfermas durante la cuarentena que se les imponía.

El primer Código respecto a lazaretos se recoge ya en la Biblia en el capítulo XIII del Levítico y otros libros sagrados en los que taxativamente se determina el aislamiento de los leprosos en el desierto y en cualquier caso fuera de Jerusalén. Estas leyes debieron de ser ejecutadas con gran rigor durante varios siglos y en los cuales se incluían no sólo los leprosos, sino también afecciones de la piel de naturaleza por entonces desconocida. Cuando los cruzados rescataron a Jerusalén del poder musulmán, encontraron en las afueras de la ciudad un hospital destinado a presuntas enfermedades contagiosas bajo la advocación de San Lázaro, do donde procede su nombre.

El lazareto se implanté más tarde en Europa para protegerse de las enfermedades importadas por los cruzados, construyéndose en Francia en las afueras de todas las grandes ciudades una leprosería que en le año 1225, durante el reinado de Luis VIII, se contaban por centenares, en donde se recluían no sólo a los leprosos sino a todos los sospechosos de enfermedad contagiosa e incluso a incompatibles sociales como los dementes. posteriormente se fueros extendiendo estas medidas de seguridad y así, tras el descubrimiento de América, en que hace su aparición la sífilis en Europa, amenazando con una rápida difusión por todo el continente, se toman, en consecuencia, medidas similares a las de la lepra para su aislamiento. No obstante, modernas investigaciones históricas indican que la sífilis existía ya en el viejo continente antes de las expediciones colombianas.

Las frecuentes epidemias de peste que tuvieron lugar en los siglos XV, XVI y XVTI hicieron creer que la causa estaba en el incremento del comercio marítimo con otros puertos del Mediterráneo y se establecieron las condiciones que debía reunir un lazareto para que éste fuese eficaz contra la propagación de 18 enfermedad- Estas condiciones eran las siguientes: 1) Debe estar situado en una isla, islote o península adecuada en proporciones y forma, cercana a un puerto de gran tráfico marítimo, y a ser posible sobre un montículo de terreno árido y seco, con provisión de agua potable para bebida y limpieza, 2) Es de rigor que el emplazamiento se halle en un punto opuesto al de los vientos dominantes y de forma que estos se dirijan hacia el mar, 3) Se rodeará de una tapia con una sola salida y otra distinta de entrada, 4) Un cementerio situado próximo al ruar y a sotavento de los edificios del lazareto.

En España, en el siglo XIX existían dos lazaretos importantes, el de Mahón y el de Vigo, creados por Disposición de la Ley de Sanidad de 24 de mayo de 1866. El de Mahón reunía todas las condiciones exigidas por las Normas Sanitarias de la época; empezó a construirse en 1793 por cuenta del Real Erario y no se dio por totalmente finalizado hasta 1817. El de Vigo fue construido en la isla de San Simón y no llegó a concluirse de forma plenamente satisfactoria, entre otras razones, por un deficiente suministro de agua potable; no obstante, se puso en servicio el 1 de junio de 1842, pero desde hace ya muchos años está dedicado a otras actividades. Otro lazareto del siglo XIX de menor entidad fueron los de Pedrosa, en Santander; Oza, en La Coruña, y Gando, en Gran Canaria, paradójicamente éste último nunca se utilizó como tal. La Ley de Sanidad publicada en 1855 establecía normativas respecto a estos establecimientos sanitarios.

Además de los lazaretos marítimos instalados en España con carácter permanente, situados en Mahón y Vigo, en los cuales los barcos llevaban a cabo sus cuarentenas hasta el año 1919, existieron en épocas de emergencia edificios destinados a lazaretos tipificados como :

- Lazaretos de observación: en los cuales las personas sospechosas de ser portadoras de la epidemia eran retenidas hasta que se determinaba, sin lugar a dudas, si estaban o no contaminadas.

- Lazaretos de tratamiento: constituían el equivalente de un hospital de aislamiento, en donde se retenía a las personas enfermas hasta que había desaparecido todo peligro de contagio.

- Lazaretos de expurgación: en los cuales eran desinfectados mercancías y distintos enseres.

- Lazaretos de convalecencia: a ellos eran enviados los individuos curados mientras se consideraba que había peligro de rebrote.

En cualquier caso los dos grandes lazaretos del siglo XIX en España son los de Mahón y Vigo, de los que ya hemos comentado que prestaron servicio hasta 1919.

El lazareto establecido en Mahón fue sin duda uno de los centros sanitarios de este tipo líderes en Europa. Hernández Morejón (Rodríguez-1987) en su "Pensamiento de policía médica" lo definía de la siguiente manera:

"El costoso lazareto de espurgo, que tiene adelantada la nación en la isla de Menorca, ribalizará con los mejores de Europa".

La idoneidad del lugar no viene a cuestión: entre el Norte de África -escenario de epidemias- y los puertos europeos -receptores de buques-. Ya en 1471 Rodríguez nos habla de la existencia de una morbería en Mahón, y durante el siglo XV se utilizó la "Isla de la Cuarentena" a la entrada del Puerto de Mahón, como aguardo de los buques sospechosos. Alrededor de 1720 , debido a la presencia de casos de peste, se montó en Mahón una primitiva y rudimentaria estación sanitaria denominada "La Consigna" que consistía en unas instalaciones en donde se examinaban los documentos y testimonios de los capitanes, antes de decidir mandar a los buques a la "Isla de la Cuarentena" o emitir "Libres Pláticas". La invasión Británica de Menorca en el siglo XVIII frenó la construcción de un lazareto según el proyecto del Conde de Floridablanca, el cual se realizó años más tarde y se finalizó entrando el siglo XIX, inaugurándose el 17 de julio de 1817 .

No cabe duda de que el lazareto ubicado en Mahón, durante la primera mitad del siglo XIX, fue el considerado lazareto naval de expurgo por excelencia, pues los barcos con "muertos o enfermos durante su navegación" debían de ir inexorablemente a este punto, y tan sólo los de patente sospechosa se desviaban a Vigo, como se establece en la R. O. de 15 de abril de 1826. El Lazareto de S. Simón formaba parte del grupo de los de "segunda", designados con provisionalidad y válidos para patentes sospechosas y no para patentes sucias, siendo considerado lazareto de "primera", y comparado de Ley con el de Mahón, a partir de la década de los 40.

Vamos a finalizar esta breve reseña histórica, comentando que en nuestro país -ya entrado el presente siglo- en todo lo que afecta a la higiene portuaria, necesariamente hemos de tener presente al "Reglamento se Sanidad Exterior" que fue publicado y entró en vigor en 1934, siguiendo vigente en la actualidad aunque modificado por el "Reglamento Sanitario Internacional".

3. Bases conceptuales y fundamentos de la higiene portuaria hoy

Hemos establecido que la Higiene Marítima tiene su ámbito de actuación en el marco físico de los puertos y sus bahías, coincidiendo con Bohec y según la distinción previamente establecida por Chantemesse, Borel y Dupuy, pioneros desde comienzos del siglo XX en la investigaci6n y estudio de los múltiples problemas originados por la navegación sobre las poblaciones del litoral y de las comunidades marítimas en general.

Las repercusiones tan evidentes y directas que la zona marítima y los puertos con sus recintos propiamente dichos ejercen sobre los buques que a él llegan y a su vez sobre la población y comunidad marítima a que ellos pertenecen (y de la que consideramos en el aspecto sanitario como de la mayor importancia), exige extremar las precauciones en todo momento para evitar los riesgos derivados de estas circunstancias ambientales y sociales.

Es obvio e indudable, en efecto, que directamente, por mediación de los puertos y bahías, lleguen a los buques las epidemias y enfermedades que la población y el país pueden sufrir; y asimismo, inversamente por vía marítima, gracias al tráfico de la navegación, se pueden introducir por los puertos las infecciones más ex6ticas y pestilencias procedentes de los países más remotos. Por esta doble significación de tanto interés sanitario, los puertos establecen y constituyen el nexo de unión entre aquellos y los pueblos costeros.

La problemática sanitaria permanentemente vigente que los puertos plantean, son por tanto, absolutamente tangibles y graves, y por ello, hay que cuidar escrupulosamente de su higiene y salubridad más minuciosa, evitando que sobre los muelles tinglados, almacenes e infraestructuras de servicio, así como toda otra construcción implantada en su área, se depositen sustancias que por su composición sean elementos receptores de vectores sanitarios que facilitan la contaminación ambiental del suelo y las aguas inmediatas de la bahía

En el propósito de higienización máxima do los puertos, hay que tener en cuenta las condiciones socio- sanitarias de los barrios colindantes con el recinto portuario, y que tradicionalmente han sido de los más pobres y marginados, y aunque no necesariamente, los más antihigiénicos de la población. Su mejora urbanística, con red de saneamiento adecuada, suministro de agua corriente Y esmerada limpieza, acompañadas de una persistente y controlada campaña de educación popular y policía sanitaria, son absolutamente precisas.

Aunque si bien es verdad que desde hace años esta situación no es tan frecuente ni coincide con la habitual del pasado, fundamentalmente por el desarrollo hacia el mar de las ciudades portuarias que así se han abierto al mismo, modificando caducos y convencionales recelos sociales; estableciéndose así auténticas puertas” hacia el mar en zonas de expansión y recreo de la comunidad marítima y de las poblaciones del litoral.

No podemos omitir. en esta introducción la vigilancia y regulación de las industrias enclavadas en el puerto, o sus cercanías, que por una parte, pueden contribuir a su contaminación por vertido de residuos tóxicos, y putrescibles, y por otro lado, porque algunas de ellas por sí, pueden dar un carácter específico a los puertos, tales corno las pesqueras, que si bien constituyen medios de florecimiento y progreso, encierran en sí una serie de peligros siempre en latencia, cuando menos, y que pueden manifestarse cuando se descuida su vigilancia y se relaja su inspección. No vamos a adelantar las diferentes parcelas de actividades que competen a la Higiene Marítima ya que éstas serán objetivo final de esta revisión.

La organización de actividades fundamentadas en la Higiene Marítima para el logro de la más alta salubridad de nuestros recintos e instalaciones portuarias han configurado la Sanidad Marítima, como rama fundamental de la Sanidad Exterior, y por tanto, de la Sanidad Nacional o Estatal.